Cuando un silencio dice más que las palabras

Por: Nicole Klahr

 

Utilizamos en nuestros entrenamientos de vocero muchos ejemplos de buenas y malas prácticas de líderes políticos, empresariales, voceros y otros representantes quienes en diferentes situaciones demuestran aciertos o desaciertos que nos permiten evidenciar habilidades particulares o errores comunes desde la comunicación verbal y no verbal.

Uno que nos gusta mucho e impacta a los participantes de estos talleres, es el discurso en 2015 del Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para condenar el acuerdo nuclear alcanzado ese año entre Teherán y seis potencias mundiales. No fueron necesarias palabras, 45 segundos de silencio acompañados por una mirada desafiante al auditorio presente, fueron suficientes para manifestar su indignación con el organismo internacional y con la mayoría de países que lo componen.  Ese silencio fue la noticia. Despertó sentimientos y emociones entre los presentes y logró llamar la atención del mundo ante sus reclamaciones.

Fue un silencio premeditado, ensayado y perfectamente ejecutado. Todo con el fin de poner en práctica una de las metas más relevantes de todo buen vocero:  estructurar y planear las intervenciones en función de alcanzar objetivos y generar sensaciones o acciones inmediatas en la audiencia o el público al que se está dirigiendo.

Pero ese silencio sólo no causó el efecto impactante en la opinión mundial. Ese mutismo se acompañó de unos gestos provocadores y una mirada profunda y decidida que se repartió entre todos los que estaban presentes para que se sintieran incluidos en el mensaje. Fue la introducción a un discurso de 45 minutos que no hubiera sido escuchado y tenido en cuenta si no hubiera sido presidido por ese aleccionador gesto.

Durante el resto del discurso, el Primer Ministros israelí cambió el tono a uno más conciliador. Cambió las palabras por unas más sencillas y menos incisivas. Habló de paz y expuso su oposición como país sobre aquel acuerdo.

A pesar de los más de 3 años que han acontecido desde ese magistral discurso, ese episodio nos parece una joya de la comunicación, porque en nuestro ejercicio como consultores, hemos notado que particularmente los colombianos le tememos profundamente al silencio. Regularmente, es considerado sinónimo de desconocimiento o de miedo. Pero un silencio reflexivo, uno pensativo, compasivo o desafiante como el de Netanyahu, puede ser el arma de comunicaciones más eficiente y puede resonar mucho más fuerte que las palabras, en un mundo que está en constante ruido.

Igualmente, así lo demostró en su discurso en Washington el pasado 24 de marzo, Emma González, activista juvenil que promovió la marcha de los estudiantes en todo Estados Unidos para que reclamaran por el control de armas. Fueron 6 minutos y 20 segundos en los que permaneció mayormente callada, para evidenciar el poco tiempo que necesitó un estudiante armado para cometer decenas de crímenes en su Colegio en Parkland, Florida. Una presentación de muy pocas palabras acompañada de dolor, sufrimiento y frustración, que dio la vuelta al mundo y que puso sobre la agenda un tema que no habían logrado trascender de esa manera, políticos, educadores o cualquier otro adulto.

Tuvo la oportunidad de subir a un escenario colmado de gente a decir miles de cosas que ya cientos de personas habían dicho. Pero supo que sería mucho más estratégico exponer en tiempo real, la poca funcionalidad de las propuestas blandas que anuncian desde el alto Gobierno para frenar la situación. Lo logró con un prolongado silencio que fue seguido por los asistentes y medido por un reloj. Sus palabras respondieron a las de una adolescente indignada, pero sus gestos, su mirada y su elocuente silencio fueron dignos de un vocero experto y hábil en las comunicaciones.

Consiguió perfilarse como una mujer líder y pudo movilizar a millones de personas que se identificaron con su situación y su enojo. Una lección magistral de una adolescente.

 

Intervención del Premier israelí ante la ONU en 2015: